El Ángel de la guardia de la memoria de CCOO

Andreu Mayayo


Ángel Rozas era un seductor. Su capacidad para animarte en varios proyectos era prodigiosa. Y lo hacía con una sonrisa solar irresistible. Tiene una obsesión por la formación y, muy especialmente, sindical y política. En este sentido, ha sido un maestro de sindicalistas excelente y el impulsor de uno de los proyectos más sólidos y útiles de la CONC: la Fundación Cipriano García y el Archivo Histórico, con un lema que debería tenerse siempre bien presente: Recuperar nuestra memoria, preservar nuestra historia. Un archivo que hoy no es sólo indispensable para el estudio del Movimiento Obrero sino para el conocimiento del antifraquismo en Cataluña. No existe tesis doctoral y trabajo de investigación académico que no incluya la referencia de sus fondos.

La labor de Ángel Rozas en la recuperación documental es titánica, incluso más allá de la organización sindical, como los papeles (¡y los expedientes!) de los abogados laboralistas. No siempre el Movimiento Obrero -y menos en clandestinidad- ha dejado rastro escrito. Por este motivo, espoleó la creación de un archivo de fondos orales de una gran riqueza, llena de matices, de sindicalistas de todo el país. Sin embargo, un Archivo no son sólo documentos de todo tipo sino actividad de investigación, de estudio y de reflexión.

Ángel Rozas era de la hornada de los dirigentes comunistas que llevaron a la práctica la idea bastante de la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura. Me lo recordaba con una firmeza y convicción total y absoluta. Le preocupaba el alejamiento de la Universidad del Sindicato y tenía una idea para volver a construir puentes de conocimiento y combate. Para Rozas, conviene subrayar, no había luchas compartidas sino comunes.

Su idea era crear una revista de historia catalana, que bautizaría con el nombre de SIGLO XX, como una plataforma entre el mundo universitario y el mundo sindical. Y salió adelante, con la ayuda de otro malogrado compañero Simón Rosado y la complicidad de Javier Tébar. De este modo, puso en mis manos a su última criatura, que, en estos momentos, ya ha entrado en la segunda década y goza de un crecimiento de lectores envidiable. Todo ello me recordaba la creación de la revista NUEVOS HORIZONTES, con la que el partido de los trabajadores ofrecía un instrumento de difusión de pensamiento a los intelectuales antifranquistas catalanes. Y recordaba la advertencia que siempre soltaba Josep Fontana cuando coincidíamos en algún acto en el local del Sindicato: al Rozas no le puedes decir que no.    

Pude bajar de visita al infierno de los calabozos de Via Laietana de la mano de Ángel Rozas, un detenido habitual de finales de los cincuenta a finales de los sesenta. Ese día asistí a una clase práctica excepcional mientras explicaba cómo había sido torturado sistemáticamente. La maldad vive entre nosotros y no tiene límites.