Homenaje Ángel Rozas

Angelina Puig i Valls


Hace cuatro días, miércoles 27 de mayo, en representación del Ateneo Memoria Popular felicitaba a la luchadora antifranquista, Maria Salvo, en su 100 aniversario y le daba las gracias por ser un espejo para las personas que formamos parte de nuestra entidad. Somos conscientes de las amenazas que sobrevuelan nuestra democracia. Amenazas que buscan una democracia sin libertades, una democracia baja en derechos, una democracia despejada de sus valores esenciales. Por eso necesitamos modelos donde reflejarnos. Personas que con su trayectoria, con su vida, con sus enseñanzas nos den coraje, su aliento y así, nos hagan el camino más llano hacia el objetivo de no dejarnos arrebatar esos valores.

Hoy nos reflejamos en la vida de Ángel. Y queremos recordarlo como el luchador que fue. Es él mismo quien lo defendía, cuando con motivo del Manifiesto por la Ley de la Memoria Democrática, “Un compromiso ético inaplazable: La Ley de la Memoria Democrática"Reclamó “no me cansaré de defender que no fuimos víctimas, o no fuimos únicamente víctimas, fuimos luchadoras y luchadoras por la libertad”.

De su trayectoria, de la lucha antifranquista, de la represión recibida, de la reanudación de la actividad política en democracia, de su papel en el sindicato antes y después de la dictadura, de su vida familiar y de amistades, hablarán otras personas que más se relacionaron y conocen todas estas vertientes de su biografía. Yo no tuvo la suerte de mantener con él una relación tan personal. Sin embargo creo que cuando José Luis López Bulla y Javier Tébar le felicitaron en su 80 aniversario, dijeron una verdad como un templo: “Ángel es el sindicalista más querido y respetado de la numerosa familia del sindicato”.

Sí, amado y respetado.

Yo, sobre todo me relacioné cuando formé parte del Patronato de la Fundación Cipriano García y de la Junta de gobierno del Archivo Histórico de CCOO, presididas ambas por él. Lo que más recuerdo de esas reuniones es justamente su figura, seria, tranquila, emitiendo esa especial dignidad.   

Por eso quiero resaltar esta faceta de Ángel que me lo hace tan cercano. Además, como historiadora, aprecio y agradezco la actividad y la labor de impulso a la recuperación de la memoria histórica del movimiento obrero y la clase trabajadora de estos organismos. Y sinceramente, comparto, hoy más que nunca, los objetivos de difundir y dar a conocer entre las generaciones más jóvenes y a la ciudadanía en general nuestra historia en especial aquellos temas olvidados por la historia oficial. Así, es imperativo extender las enseñanzas de figuras como la del amado Ángel Rozas.

¡Muchas gracias Ángel!