Carme Molinero
Creo recordar que conocí a Ángel Rozas a principios de los noventa y ya en el marco de creación del Archivo Histórico de CCOO. Recuerdo la importancia de su implicación para que el Archivo fuese una realidad. Había perseverancia porque los retos a los que debía hacer frente el Sindicato eran inmensos y migrados los recursos. Pero Ángel tenía claro que sin archivos no hay historia y la de CCOO había sido fundamental en la trayectoria del país desde su creación. Había que poner al alcance de las nuevas generaciones, por un lado, la memoria viva de la militancia obrera, representativa de los miles de personas que se habían comprometido en la lucha por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y por la desaparición de la dictadura. Por otra parte, era necesario crear la infraestructura necesaria para recoger la documentación que permita reconstruir parcelas del mundo del trabajo desde perspectivas diversas y amplias, en particular del movimiento obrero y de otros movimientos sociales. El impulso de la Fundación Cipriano García en investigación histórica siempre ha sido importante y el Premio Ángel Rozas a investigadores jóvenes es una de sus plasmaciones.
Mi recuerdo de Ángel no puede ser más entrañable al tiempo que cargado de respeto y admiración. Lo entrevisté en alguna ocasión por mi investigación pero, con el paso del tiempo y en el marco de las muchas actividades de cariz 'histórico' que la Fundación organizaba, tuve la oportunidad de conocer pequeños detalles de su trayectoria, de las dificultades que tuvo que superar, siempre con una bondad que afianzaba la grandeza de su personalidad.
