Ángel Rozas el embajador en París

Joan Antoni González y Serret


La primera vez que se vimos fue en la calle Llúria de Barcelona, ​​en concreto en su número 7, seguramente su procedencia de los movimientos católicos, hacía que se conociera con el Ángel Alcázar; teníamos una reunión para hacer avanzar la Interbancaria, y Ángel aprovechó para presentarnos, hacía poco se había constituido Comisiones en la asamblea de Sant Medir en Barcelona, ​​pasaría el testimonio a Pedro León, que junto a un compañero que trabajaba en el Puerto de Barcelona, ​​mantuvieron la relación, hasta que la organización de banca entra con fuerza en Comisiones.

De este preámbulo lógico, como ocurre algunas veces, las circunstancias, generan realidades que no tienen la lógica de los orígenes e imponen hechos fortuitos. Mi trabajo de editor, hizo que viajara a París una o dos veces por mes, añadido a la efímera estancia en la Escuela de Cine, y pese a haber sido expulsado por el ministro del Interior no dejé de viajar, con un buen pasaporte con otros nombres. Esta vida propició los encuentros en la Delegación Exterior de Comisiones Obreras (DECO), donde Ángel Rozas hacía de embajador, trabajando incansablemente, para mantener relaciones con los sindicatos de todo el mundo, en especial con la CGT francesa y con la CGIL italiana. Sus relaciones estaban al más alto nivel, logró un reconocimiento notable de Comisiones. Nos reuníamos en Château de Eau, en el local de la DECO, y lo acompañé en muchas entrevistas si éstas coincidían con mis estancias en París. Él también me presentó a numerosos dirigentes políticos, que los catalanes no conocíamos, Santiago Álvarez, del PCG, Juan Modesto, pocos meses antes de morir y (previsiblemente hacían una reunión de la dirección del PCE), aquí Ángel le sorprendió que nos conociéramos, conozco que era fruto de mi estancia en Praga hasta que mada delante durante la primavera de 1968.

En Ediciones Ebro, Angelita Grimau, en el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE), donde se movía como en casa, también vimos a Jorge Semprún en Ruedo Ibérico, tuvo curiosidad por hablar, aprovechando que colaboraba en su película, fruto de la presentación que había hecho Xavier Folch. Más actores, también le presenté Yves Montand, que vino con Miu Miu; consiguió que participaran en la manifestación del 1er de Mayo, en el séquito español; ellos habían estado en Barcelona, ​​y fruto de mi trabajo de encontrar los lugares clandestinos del personaje Federico Sánchez por la película Las rutas del sur, de Joseph Losey, entre las actividades estaban los conciertos en la Mutualitee, con intervenciones de Angelita Grimau para recaudar dinero de solidaridad por las familias de los presos políticos. También en esta actividad nos pidió llevar dinero a Donosti, en concreto en el despacho de Bandrés, por la caja de resistencia de los compañeros de Vitoria. Activamos publicaciones que después entraban a pie con mochilas, de esto puede hablar Carles Vallejo, a través de una ruta que dio muchas peripecias -como puede explicar Ceferino Alonso, bajando de la Molina- con la Guardia Civil registrando el coche lleno de propaganda, en concreto el libreto “Qué son las CC.OO”; todo quedó en un susto.

Fuimos juntos a la delegación de la Conferencia por la paz de Vietnam en Versalles. Estuve presente en el encuentro con sindicalistas de la automoción de Detroit, recuerdo la impresión que nos ofreció un compañero negro y ciego. Aunque ambos recordaremos con cariño el encuentro con Jane Fonda, que a lo largo de los años se quedó con Juan sin número para designarme, docs había conseguido la acreditación solo con Comisiones Obreras, y sin nombre, (por cierto en catalán), y el sarcasmo de Ángel que me presentó con éste sin nombre. En posteriores encuentros en Cannes y Los Angeles, éste fue el alias y él hombrecito. Ángel se reía de la realidad de una delegación tan pintoresca.

Sus relaciones me hicieron entre otras muchas presentaciones, que conociera a Enrique Líster, el general republicano. Recuerdos muy compartidos con Montserrat Torras, Enric Cama, Carlos Quingles, Jordi Socias (que fue quien subió al despacho en Donosti para entregar la ayuda solidaria, pues vi vigilancia, y él no era conocido de la policía).

Regresado a Barcelona, ​​Ángel quiso conocer y dar las gracias a un montón de gente. Esther Boix, la pintora clave en la organización de la Exposición en Milán, Maria Antonia Palauzy que trabajó activamente en la Comisión de solidaridad junto a Quim Boix, el Boucher de Marseille, que realizó los transportes.

Ángel vino un buen número de veces a mi despacho en el Institut del Cinema Català, algunas acompañado de Javier Tébar, era incansable, organizando el Archivo Histórico de CCOO, hoy Fundació Cipriano Garcia.

Ángel, era muy meticuloso y se preparaba las reuniones, tomaba notas, y junto a la carcajada fácil y un cierto sarcasmo mantenía una seriedad formal, que hacía que los encuentros trascendieran. Alguna vez le comenté que tenía gran capacidad para la liturgia , y eso le hacía reír. En el terreno más personal, junto a su compañera Carmen Jiménez y también con algunos de los compañeros que he mencionado pasamos haciendo la celebración del fin de año, varias veces en París y también en Lisieux, esta vez coincidiendo con una reunión del central ampliado del PSUC (previsiblemente fue el III Congreso).

La DECO ayudó en todo, incluido lo que recoge, la película El Pilar, todos los trabajos de propaganda e información, que hacíamos los cineastas. Una noche cenando en la embajada Española en Georges V, Joan Reventós me dijo: ahora ya tienes embajador en París, de forma automática contesté que llevaba muchos años con Embajada Popular en la capital de Francia. Los platos de las modestas casas que conocí en París, poco tienen en común en la vajilla de porcelana con escudo de la cena con el embajador. Fue la realidad de la lucha firme y generosa de personas como Ángel Rozas, todo un ejemplo de tesón y generosidad.