10 años sin Angel, pero con sus enseñanzas bien vivas

Joan Coscubiela


Conocí a Angel Rozas, siendo yo todavía un niño de 10 años, con motivo de la detención en febrero de 1965 de la primera Comisión Obrera de Barcelona, ​​los de Sant Medir, entre los que estaba mi padre.

De ese primer momento tengo una imagen difusa y la mayoría de cosas que recuerdo vienen de lo que después me contó mi madre.

El siguiente recuerdo en el tiempo, mucho más nítido y personal es del año 1969, pocos días antes de que mi padre y sus compañeros de expediente entraran de nuevo en la modelo para cumplir condena. Angel con su inseparable compañera, Carme, vinieron a casa a la Barceloneta a llevarnos dinero de solidaridad y sobre todo a darnos apoyo emocional, una tarea que aquella pareja hizo durante muchos años de forma entrañable. Luego supe que a los pocos días, al declararse el estado de excepción, Angel tuvo que pasar a la clandestinidad para después huir hacia el exilio.

Sería una osadía pretender relatar una vida tan intensa como la de Ángel, que además se encuentra bastante documentada en el Archivo Histórico de CCOO, pero en este 10 aniversario de su muerte quiero compartir lo que más me ha impresionado de su intensa vida.

En primer lugar, su gran humanidad, siempre dispuesta a apoyar a compañeros -en su sentido más amplio- ya organizar la solidaridad, que él sabía era un factor clave para la resistencia al franquismo.

Una humanidad que también se expresa en un gran sentido del humor y la capacidad de reírse de sus limitaciones físicas. Una anécdota contada por mi padre lo confirma. En una de sus estancias en prisión, un día volvió a la celda con una almohada bajo el brazo, que Carmen le había traído de casa, y al ver a los compañeros les dice: “Carmen me cuida tanto que me ha traicionado un colchón”.

Siempre me ha parecido increíble que, siendo miembro de la dirección del PSUC, estuviera listo –faltaron unos pocos días– para ser elegido Procurador de las Cortes franquistas por el tercio sindical. Unos días antes de la elección una caída le dejó al descubierto. Siempre me he imaginado la cara que debería poner el jerarca del sindicato vertical, Pepe Solís.

Su forma de ser lo hizo una persona clave en la solidaridad internacional con CCOO, desde el exilio en Francia, contribuyó a la organización de la Delegación Exterior de Comisiones Obreras (DECO).

Destaca cómo su empatía personal y actitud unitaria le convirtió en una persona determinante en las relaciones de CCOO con el entorno político e intelectual de la oposición al franquismo. Éste fue un factor muy importante, especialmente en la transición, para evitar la estrategia de marginación de CCOO que algunos habían puesto en marcha– en clave de guerra fría. La foto que acompaña a estas líneas, y recoge el momento en el que le hacemos entrega a Josep Benet -poco antes de su muerte- del “carné solidario” de la Comisión Obrera Nacional de Cataluña lo ilustra bastante bien

Por encima de todo y junto a su inmensa humanidad siempre he admirado la gran perseverancia en todo lo que se planteaba hacer. Sólo así puede entenderse desde su constante compromiso de lucha sindical y política hasta el empuje inicial y el trabajo constante por la creación del Archivo Histórico de CCOO de Catalunya y después de la Fundación Cipriano García.