Carme Ortega y Jaume Puig
Debió de ser a finales de verano o principios del otoño del año 1976 cuando, subiendo por la Riera de Mataró me crucé con el amigo José Luis López Bulla secretario general de la CONC que, como aquel que no dice nada, de repente me espetó: ¿Quieres ir, tú y Carmen, a Yugoslà
Casi, sin darnos cuenta nos encontramos el 9 de octubre en el andén de la estación del Clot, con Santi Marimon, economista, y Jordi Santolaria, que se convertiría en responsable de finanzas de la CONC, ambos de Comisiones Obreras, todos juntos formamos la delegación del sindicato en aquel viaje a la antigua I. El jefe de la delegación sería Ángel Rozas. Efectivamente, en esta capital contactamos con Angel, que entonces formaba parte de la Delegación permanente de nuestro sindicato en el Exterior y que como tal nos acompañó correspondiente a la invitación que nos hicieron los sindicatos yugoslavos.
Restaremos en París dos días, a la espera del visado que nos facilitaron en la embajada Yugoslava, por lo tanto antes de coger el avión tuvimos tiempo de visitar la ciudad y de disfrutar de la cocina de Carmen, mujer de Angel, en la mesa del comedor de aquel piso, en el baño de la casa ofrecían generosamente a todos los sindicalistas que lo necesitaran, principalmente los que huían de la represión franquista.
Aterrizamos en el aeropuerto de Belgrado, donde nos recibieron funcionarios del sindicato yugoslavo que nos trasladaron directamente al hotel Moscú en el centro de la ciudad. Al darse cuenta de que Carmen y yo éramos pareja, nos adjudicaron una amplia suite que aparte del dormitorio y el baño, disponía de un saloncito donde cada noche, después de cenar, nos reuníamos los cinco teóricamente para evaluar la jornada.
Estos encuentros acababan siempre escuchando las historias que Angel nos contaba con ese sentido del humor, que conseguía hacer pasar por triviales las experiencias más dramáticas sin darse ninguna importancia y que todos acabábamos haciéndonos un harto de risa. Desde su niñez trabajando en las canteras de Macael, su llegada a Cataluña huyendo de la miseria, y su primer contacto con el PSUC, donde el militante que le contactó se asustó pues Angel llevaba más de un centenar de compañeros, que él había aglutinado del trabajo, en La construcción y el barrio. Como aprovechó las posibilidades legales antes de que lo decidiera el PSUC, siendo elegido jurado de empresa hasta ser propuesto, como es sabido, a procurador en Cortes por el Tercio Sindical, enredando incluso al ministro Solís. Su detención y las torturas que recibió junto a Miguel Nuñez, al que no reconoció por los pasillos de la Via Laietana como consecuencia de las palizas que recibió, cómo tuvo que exiliarse y su paso por la frontera, haciéndole pasar por un niño, aprovechando su corta altura. Durante la visita que realizamos a diferentes empresas, a un acto de entrega de premios en estajanovistas, a una cena con veteranos brigadistas…, él se mantuvo siempre dentro de la ortodoxia, guardándose la socarronería y la crítica hacia el sistema, por los encuentros vespertinos en la nuestra sucesivamente.
Para nosotros, que entonces éramos unos pipiolos, aquellas experiencias explicadas por aquel hombre pequeño le convirtieron en un gigante, que para siempre fue un referente a lo que siempre recordaremos con admiración.
