Pedro Ysàs
No recuerdo de forma precisa cuando conocí personalmente a Ángel Rozas. Seguramente fue cuando, desde el CERES, se impulsó la creación del Archivo Histórico de la CONC, a principios de los años noventa del siglo XX, hace casi treinta años. Pero hacía mucho tiempo que sabía quién era Ángel Rozas. Lo sabía desde que empecé a estudiar los orígenes y el desarrollo del movimiento de las Comisiones Obreras en plena dictadura franquista. Y lo sabía por mi vínculo personal con CCOO desde los setenta.
Ángel Rozas, dio sus primeros pasos en el activismo obrero en el HOAC, a finales de los años cuarenta, se incorporó al PSUC los cincuenta y fue uno de los fundadores de las Comisiones Obreras en la iglesia de Sant Medir en noviembre de 1964, después de haber sufrido ya detenciones y una condena. Su trayectoria personal es un buen ejemplo de la trayectoria colectiva del movimiento de las CCOO y después sindicado. Entre 1965 y 1969 Ángel participó en las principales acciones de Comisiones y esto le comportó una serie de detenciones -la policía podía identificarlo con facilidad- en aquellos años. Con estado de excepción decretado en enero de 1969, tuvo que optar por el exilio, donde se convirtió en un activista de la DECO, la Delegación Exterior de CCOO, pieza destacada en la lucha contra el franquismo y en el impulso la ayuda solidaria del movimiento obrero europeo. Devuelto con el fin de dictadura, fue elegido responsable de formación sindical de la CONC.
Tuve la oportunidad de hablar a menudo con Ángel durante los años que presidió la Fundación Cipriano Garcia. Con su autoridad moral y su perseverancia contribuyó decisivamente a convertir la Fundación y, en particular al Archivo Histórico, en un espacio esencial para el estudio de las CCOO y, más ampliamente, del movimiento obrero, pero también en un ámbito de reflexión sobre los retos del sindicalismo en los tiempos presentes.
Pero, por encima de todo, mi recuerdo de Ángel Rozas es el de una persona afable pero rebelde y peleón, lúcida e irónica, y de una honestidad personal y cívica, dicho muy coloquialmente, a prueba de bomba.
