Benito Quero Simón y Javier Sánchez del Campo
A Ángel Rozas lo conocimos cuando CCOO de Catalunya fue legalizada. Tenía su despacho en la CONC. Para nosotros era una leyenda sindical. Sabíamos que fue un importante dirigente que se tuvo que exiliar. Que durante su exilio fue destinado a la delegación exterior de CCOO y pocas cosas más.
Con la legalidad empezamos a mantener contacto cotidiano, pues trabajábamos en el mismo edificio, y nos decimos pronto cuenta del sentido del humor y de su fina ironía. Se reía de sí mismo y nos contaba acudidos relativos a su baja estatura sin el menor complejo.
Una vez nos explicó que se estaba bañando en una piscina y el agua le cubría hasta el collado. Pasó por allí un apuesto joven que le preguntó: Qué ¿cubre?, y Rozas contestó; ¿no lo ve? Entonces el joven dijo: pues ahí voy de cabeza. Se lanzó al agua y se metió un trompazo contra el suelo sensacional. Nos dijo que él salió subiendo las escaleras de la piscina sonriendo, y por supuesto el joven salión hecho una furia.
En otra ocasión nos relató que un día fue al peluquero a cortarse el pelo, y éste le preguntó: ¿qué, le cortamos las patillas? Respondiendo a Rozas: ¡sí hombre!, y si te parece andaré con los cojoncillos.
Nos tronchábamos de risa con él. Le apodamos el pequeño Gran Hombre.
En definitiva, una buena persona y mejor compañero. A pesar de que alguna vez tuvimos nuestros desencuentros.
