Tributo a Ángel Rozas en el 10 aniversario de su traspaso

José Maria Romero Velarde


Siempre he pensado que el sindicato te da más cosas de las que puedes devolverle, entre ellas haber aprendido, compartido y reflejarnos en personas humildes, sencillas, forjadas en la lucha, comprometidas con los más débiles, con los derechos de las personas trabajadoras y con el horizonte insobornable de la igualdad. Y para mí Ángel Rozas es el ejemplo de esto, una referencia imprescindible. Miembro de la generación fundadora de CCOO en la lucha clandestina – casi en solitario – y el exilio, a quienes no hemos agradecido suficientemente el esfuerzo y el sacrificio personal para conquistar los derechos y libertades democráticas. Un héroe de nuestro tiempo, como les definió Vázquez Montalbán.

Ángel por los jóvenes que empezábamos a movernos a CCOO, a finales del 90 e inicios de siglo, que habíamos escuchado historias y anécdotas, significaba lucha, exilio, generosidad, superación personal y solidaridad. Cuando le conocí, su simpatía y bonhomía ayudaba mucho, se convirtió en una referencia que nos mostró un camino, por la manera de hacer y comportarse. Persona de convicciones ejercidas con determinación y formas constructivas, tenía la capacidad de adaptarse a la realidad y el contexto concreto, sabiendo leer e interpretar la evolución de los cambios sociales y de un mundo del trabajo en cambio.

Por estas y otras razones el equipo de dirección de ACCIÓ JOVE en nuestro primer mandato de puesta en marcha del proyecto en Cataluña (2000-2014) decidimos que la Escuela de formación de jóvenes sindicalistas que queríamos fuera un espacio de relación, formación, intercambio de experiencias y voluntad de construir organización incorporando la visión y las demandas de la juventud. Cuando le propusimos se resistió hasta el último momento, con esa modestia sincera, de lo que cree que no merecía ninguna consideración personal. Mientras la salud se lo permitió, Ángel participó en todas las ediciones dirigiendo una intervención que siempre resultaba de las más escuchadas. La primera de ellas, con referencia específica a su compañera, la dedicó a poner en valor el papel de las mujeres durante los años de lucha clandestina. La tercera edición, en 2003 en Cabrera de Mar, participó personalmente en una actividad intergeneracional acompañado de un numeroso grupo de compañeros veteranos y dirigentes del momento. Fue una actividad muy enriquecedora, especialmente para jóvenes que asistían por primera vez y donde la mayoría de los presentes la valoramos como sumamente positiva por su contenido, por la vertiente emocional y el refuerzo del vínculo con las CCOO.

Este año se ha celebrado la edición 17a de la Escuela de jóvenes sindicalistas Ángel Rozas y seguro que todas las personas que hemos pasado sentimos el orgullo de haber podido construir un espacio fresco e innovador y haber aportado nuestro pequeño grano de arena para hacer de nuestra sociedad un lugar mejor y más habitable, vinculándonos definitivamente al: “Porque fueron, somos. Porque somos, serán.

En la vertiente personal, me quedan muy buenos recuerdos, anécdotas como la importancia de la puntualidad y el respeto al tiempo de los demás o charlas e intercambios en el Archivo Histórico, también con Javier y Úrsula.  

Un privilegio haber conocido a uno de los mayores, a una persona que ejerció con valentía, nobleza y dignidad el tiempo que le tocó vivir. Todo lo que simboliza la figura y la trayectoria de Ángel es una exigencia ética que debe referenciarse en nuestro comportamiento personal y colectivo.