Militancias continuadas

Rosa Sans Amenos


Un atardecer de los primeros años de la estrenada democracia, en el mítico local del PSUC del pasaje de Maiol, en la Sagrada Família de Barcelona, ​​conocí a Ángel. Entró en el local con su compañera Carme y saludaron a los viejos militantes. Con ese tono de voz tan característico, le oí decir que ya se habían instalado en su piso del paseo de Sant Joan. Un grupo de jóvenes estábamos preparando unas banderolas para salir a colgarlas. Era para una campaña electoral, no recuerdo cuál, pero lo que sí tengo presente es cómo le brillaron los ojos cuando nos vio.

De otras muchas tardes compartidas conocí quién era Ángel, cómo había sido su vida de lucha contra la dictadura —o, como él mismo decía, cómo había sido “perseguir el franquismo”—, con las torturas, el exilio y el regreso para organizar las Comisiones Obreras. Así fui entendiendo el papel de la clase trabajadora de Cataluña en la lucha por recuperar los derechos democráticos y qué significaba la dignidad obrera.

También con Carme comprendí qué era la solidaridad, a través de la gran familia que formaron todos los militantes que lucharon contra la dictadura. Seguramente aquellos años duros conformaron a una persona que tenía una gran humanidad y una gran fortaleza.

De ese conocimiento resultó la confianza que depositó en mí para incorporarme a colaborar en Comisiones Obreras. En los primeros años, en el local de la plaza de Urquinaona, ya pude comprobar que su compromiso era firme y que era un hombre duro, constante y con las ideas suficientemente claras para conseguir los objetivos que se marcaba.

Al mismo tiempo tuve la posibilidad de hablar más de las cosas de la vida, de la cotidianidad. Una relación personal que, más tarde, en un momento difícil de mi vida, me dio fuerza y ​​confianza para salir adelante. En mi recuerdo está todavía la alegría que tuvo cuando, finalmente, nació mi hija, y yo disfruté enormemente con la ternura que expresaba con aquella muñeca que le regaló.

Con él aprendí lo riguroso que debe ser con las finanzas del sindicato, la importancia de la formación y que hay que recuperar nuestra historia y preservar la memoria. Impulsor incansable del Archivo Histórico del sindicato, le acompañé en algunas gestiones a las diferentes administraciones para conseguir apoyo para este proyecto. ¡Caramba, con qué respeto lo recibían! Ángel tenía un gran reconocimiento entre dirigentes de otras organizaciones políticas y sindicales, supongo que por la firmeza y la convicción con la que defendía aquello en lo que creía.

En los últimos años, su constancia y el esfuerzo que hacía por venir al Archivo Histórico, en la Fundación, sólo me hacen pensar en las necesarias militancias continuadas.