Paris, el mitin de Montreuil y recuerdo del Ángel

Montserrat Torras y Enric Cama


Conocimos a Ángel ya Carmen en París en junio de 1971. Tres compañeros y dos compañeras de nuestra organización del PSUC decidimos ir al gran mitin que el PCE había organizado en la capital francesa. Los cinco dentro de un seiscientos enfilamos hacia París para asistir a ese acto histórico, donde intervendrían, entre otros dirigentes del PCF y del PCE, Santiago Carrillo y, especialmente, Dolores Ibárruri “La Pasionaria”. Lo que desconocíamos entonces es que, además de asistir al mitin, ese viaje nos proporcionaría la oportunidad de conocer a Angel Rozas y Carme Tonetti, un conocimiento que enriquecería nuestras vidas.

El mitin constituyó un gran éxito del PCE, con miles de asistentes que llenaron el parque de Montreuil, un barrio de París. Al terminar fuimos a la delegación exterior de CCOO (DECO), instalada en un local de la CGT francesa que le daba cobertura legal, donde vimos por primera vez a Ángel Rozas, famoso dirigente obrero del que ya teníamos referencia. Después de un paseo por París, nos dirigimos a la casa donde vivían Ángel y Carme, unos bajos con un mobiliario de una precariedad extrema, donde nos invitaron a cenar unos huevos fritos con patatas fritas que nos supo a gloria. Algunos sentados en una caja de embalar por falta de sillas, pasamos una muy agradable velada que después de tantos años aún recordamos emocionados. También recordamos un detalle que nos impresionó: las maletas estaban listas para volver pronto a una España democrática.

Su optimismo y su firme convicción en que la situación estaba bastante madura para acabar con el franquismo nos sorprendió, pues nosotros veníamos del interior de la dictadura y no compartíamos tan optimismo. Pero un optimismo que era una marca permanente de su talante político y personal. Tarannà que explicaba la constancia de una vida dedicada a mejorar las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera. Ángel era un maestro de maestros y su personalidad se constituyó, a partir de haberlo conocido, en un punto de referencia para muchos de nosotros.

Ese día, en París, se inició una entrañable amistad que el paso de los años fortalecería. Ya instalados en Barcelona fuimos a visitarlos algunas veces a su piso del paseo de Sant Joan, sobre todo para ver a Carme, ya enferma, y ​​también nos vemos en la sede de CCOO, en el Archivo Histórico, donde hacíamos la charla o en el pequeño local de la Asociación Catalana de Expresos Políticos del Franquismo.

El último recuerdo de Àngel es del Centro Dolors Aleu. Cuando le visitabas te maravillaba la serenidad que mantenía, sin quejarse nunca de nada, con ese mismo optimismo de siempre, como ese optimismo que nos sorprendió en París un día de junio hace casi cuarenta años. Un optimismo que hemos echado de menos. Su recuerdo todavía nos acompaña….