Últimamente, desde la patronal se está impulsando una campaña que intenta poner el foco en el absentismo laboral, como una cuestión de voluntad o de falta de compromiso de la clase trabajadora. Sin embargo, los datos de la realidad laboral nos dicen algo muy distinto: el absentismo no es una elección, es consecuencia de una gestión preventiva deficiente.
Los datos que desmontan el relato
No podemos hablar de salud laboral sin mirar los datos reales que se esconden detrás de los números. Los hechos son claros:
- Incumplimientos sistémicos: 9 de cada 10 accidentes mortales presentan incumplimientos en materia de prevención. Esto significa que la mayoría de estas tragedias podrían haberse evitado si se hubieran respetado las normas básicas de seguridad.
- La trampa de la externalización: El 82% de las empresas externalizan su prevención con una dedicación mínima de sólo 6 horas de presencia anual. Es imposible garantizar un entorno seguro con tan testimonial presencia, lo que demuestra que la prevención es a menudo un simple trámite burocrático.
- Falta de evaluación: Sólo el 10,2% de las empresas tienen riesgos debidamente evaluados. La gran mayoría de trabajadores y trabajadoras siguen ejerciendo sus funciones sin una evaluación de riesgos específica y completa, trabajando en condiciones que acaban pasando factura a su salud.
Estas condiciones de trabajo deficientes son, en realidad, la causa principal de las bajas médicas. Cuando el entorno laboral no es seguro, la salud se resiente, convirtiendo lo que la patronal llama «absentismo» en un síntoma de la falta de prevención. Además, el incremento de la siniestralidad (accidentes graves +7,6% y mortales +5,7%) y el aumento de las sanciones por incumplimientos (53,5 millones de euros) confirman que el actual sistema no funciona.
Ante este escenario, el papel de las delegadas y delegados de prevención es más vital que nunca. No somos sólo representantes, somos los garantes de los derechos laborales y de la salud de los trabajadores y trabajadoras.
Nuestra tarea es fiscalizar, exigir el cumplimiento de la ley y poner el foco en el que realmente importa: en la prevención real y efectiva, no en la penalización de quien enferma por culpa de unas condiciones de trabajo indignas.
CCOO seguiremos luchando por entornos de trabajo seguros y saludables, porque la salud no se negocia, se exige.

