Absentismo: cuando el debate evita las causas

(Respuesta al artículo “El virus del absentismo” de Marc Cerón, publicado en el diario secreto, el 24 de enero de 2026)

El debate sobre el absentismo laboral suele plantearse desde una mirada parcial, de forma voluntaria, interesada y sesgada. El relato pone el foco casi exclusivamente en los trabajadores, tratando la ausencia como una decisión ligera y una falta de compromiso. Este enfoque no sólo es injusto, sino indecente. Esquiva cualquier responsabilidad sobre buena parte del problema.  

El absentismo no puede analizarse en serio sin hablar de condiciones de trabajo: de la falta de prevención de riesgos laborales, de la sobrecarga de trabajo, de los ritmos excesivos, de la presión constante y del impacto creciente de los problemas de salud física y mental. Cuando estos factores se convierten en estructurales, las bajas no son una anomalía: son consecuencia directa del modelo. El absentismo no es una causa, es un síntoma.

Este debate toma una dimensión especialmente relevante cuando se observa que muchas de estas situaciones se concentran en sectores en los que la mano de obra está formada mayoritariamente por personas en situación de vulnerabilidad: hostelería, limpieza, sector agroalimentario, comercio o residencias, entre otros. Sectores esenciales, a menudo feminizados y con alta presencia de personas migrantes, en los que los salarios son bajos, la rotación elevada y la capacidad de defender derechos, limitada. No se trata de señalar todo el tejido productivo, pero sí de reconocer dónde se producen con mayor intensidad estas dinámicas.

Al mismo tiempo, es necesario situar el debate en un contexto más amplio. En los últimos años, muchos sectores han anunciado importantes beneficios empresariales, mientras que los salarios han ido perdiendo poder adquisitivo de forma sostenida. La riqueza se ha generado pero no se ha repartido en la misma proporción. Esta decisión ni es neutra ni es inevitable y además tiene efectos claros: personas que trabajan más, en peores condiciones y con menor capacidad de resistencia física y mental. Si la competitividad se basa en bajos salarios y condiciones precarias, no debería sorprender que aumenten las bajas vinculadas a la sobrecarga oa la falta de prevención.

Sin embargo, el relato dominante tiende a presentar a las personas trabajadoras como sospechosas permanentes, como si a la mínima optaran por no ir a trabajar. Desde esa lógica, se habla de absentismo sin hablar de responsabilidades empresariales, sin revisar modelos de gestión ni condiciones laborales. Ejercer un derecho reconocido no puede ser interpretado como abuso.

Este enfoque se ve reforzado por la proliferación de discursos y prácticas de control que desplazan el foco hacia el individuo y construyen una idea implícita de pereza o falta de voluntad. Un relato cómodo que permite cargar la culpa hacia abajo y evitar cualquier autocrítica sobre cómo se organiza el trabajo.

Todo esto no es un debate teórico. Es lo que se ve cada día en los sindicatos: salarios bajos que no permiten vivir con dignidad, incumplimientos reiterados del registro de jornada, horas extras no pagadas, presiones para no tomar la baja, falta de medidas de prevención y abusos que se han ido normalizando. Esta realidad no aparece en las estadísticas de absentismo, pero explica mucho mejor lo que está pasando en los centros de trabajo.

Cuando se habla de absentismo sin hablar de derechos, salarios, prevención y distribución de la riqueza, el debate queda inevitablemente sesgado. Y cuando se construye un relato que retrata a las personas trabajadoras como hamacas mientras se ignoran las condiciones que las enferman, no estamos ante un error de análisis, sino una decisión consciente.

Si se quiere abordar el absentismo con rigor, es necesario cambiar el foco: dejar de culpabilizar a quien enferma y empezar a asumir que la salud laboral es una responsabilidad compartida y una condición imprescindible para un modelo de trabajo justo y sostenible.

Pedro Sánchez Álvarez

Secretario general

CCOO de las Tierras de Lleida

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