CCOO presenta un estudio demoledor sobre salarios y precios de la vivienda en Barcelona

El sindicato documenta que todos los trabajadores y trabajadoras destinan más del 30% recomendable de su salario en el piso y que, en 6 distritos, es necesario destinar más del 50% a pagar el alquiler

El aumento de los precios inmobiliarios se ha comido las subidas salariales de la última década hasta el extremo de que un trabajador o trabajadora necesita el sueldo íntegro de toda la vida laboral para pagar un piso o un siglo para pagarlo sólo destinando el 30% del salario.

En el marco del Festival Internacional de la Vivienda Social, que se celebra estos días en Barcelona, ​​CCOO de Catalunya presenta hoy el estudio “La vivienda tenía un precio. Historia, lecturas y números a realizar para garantizar el derecho a la vivienda en Barcelona”. Se trata de un completo e innovador estudio elaborado por su Centro de Estudios e Investigación Sindicales (CERES), integrado dentro de la Fundación Cipriano García, que analiza los precios de alquiler y compra de vivienda por distritos y barrios de la ciudad y los pone en relación con los salarios que cobran los barceloneses y barcelonesas, con datos detallados por barrios, segmentos de edad de la población y sectores de empleo de la gente trabajadora.

El derecho a disfrutar de una vivienda digna, que ampara el artículo 47 de la Constitución, no puede quedar condicionado a una determinada composición del hogar: el salario de un trabajador o trabajadora debería ser suficiente para acceder a la vivienda y, al mismo tiempo, garantizarle poder sufragar el resto de gastos necesarios para vivir y realizarse como persona. Sin embargo, en las últimas décadas, la evolución de los salarios y del precio de la vivienda ha conducido no sólo al aumento de las personas y familias trabajadoras que viven en el umbral de la pobreza, sino a un alto grado de aceptación social de que un salario no es suficiente para acceder a la vivienda. Los datos analizados por CCOO de Catalunya al por menor y, por primera vez, para el caso de Barcelona, ​​lo reflejan con creces.

De hecho, ni siquiera el criterio financiero habitual conforme es recomendable destinar más del 30% de los ingresos familiares al pago de la vivienda frente al elevado riesgo de insolvencia o empobrecimiento —la parte introductoria del estudio descubre los orígenes de este criterio, que se remontan a la legislación norteamericana de los años sesenta y setenta del siglo XX, y revela también que las reivindicaciones sociales y vecinales hegemónicas al final de la dictadura franquista proponían reducirlo al 10 %— no se puede cumplir mayoritariamente en Barcelona: el precio del alquiler representa hoy más del 50 % del salario neto en 6 de los 10 distritos de Barcelona. En Ciutat Vella este porcentaje asciende hasta el 63%.

Como certifica el estudio de CCOO, la dificultad en el acceso a la vivienda es generalizada en la ciudad: los trabajadores y trabajadoras de todos los sectores de actividad deben dedicar un porcentaje superior al 30% de su salario para acceder a una vivienda de alquiler. En el caso de la vivienda de compra —según los cálculos elaborados a partir de datos oficiales y públicos del Ayuntamiento de Barcelona, ​​del Instituto Nacional de Estadística (INE), de la Agencia Tributaria (AEAT) y de el Instituto Catalán del Suelo (Incasòl)—, si tomamos como referencia un gasto del 30 % del salario en vivienda, un trabajador o trabajadora con el salario medio de Barcelona necesitaría 40 años —es decir, una vida laboral entera— por pagar una vivienda en la ciudad. Y esto sin tener en cuenta los intereses bancarios de una hipoteca. 

Además, el porcentaje de salario necesario para satisfacer el precio del alquiler en Barcelona tiende a crecer en los distritos con una renta inferior a la media y, por el contrario, a disminuir en los distritos de renta alta. Esta paradoja -contraintuitiva si tenemos presente que los precios del alquiler son mucho más elevados en los barrios ricos que en los de clase trabajadora- se explica porque los barceloneses de la parte alta de la ciudad y de zonas del Eixample o de barrios ricos, como la Villa Olímpica o Diagonal Mar, se benefician, a su vez, de rentas no salariales provenientes en buena parte, precisamente, del alquiler que cobran al alza —y cada vez a más personas o familias trabajadoras— un segmento de multipropietarios de pisos en la ciudad, tipología de población que también va en aumento.

Entre otras variables, el estudio de CCOO analiza cómo, en la ciudad de Barcelona, ​​el aumento histórico del salario mínimo interprofesional (SMI) se le ha comido casi entero el encarecimiento de la vivienda: en los últimos 10 años, el SMI ha aumentado un 55 % y el precio del alquiler, un 51%. El precio de la vivienda de alquiler en Barcelona en 2022 era superior al salario neto de un trabajador o trabajadora que percibe el SMI en 6 de los 10 distritos de la ciudad. En el conjunto de la ciudad, el precio medio de la vivienda en alquiler es un 9,64% superior al SMI mensual. Este desequilibrio se refleja también en la vivienda de compraventa. En resumen: un trabajador o trabajadora que percibe el SMI debería dedicar su salario neto íntegro durante casi 30 años para poder comprar un piso en la ciudad de Barcelona. En caso de dedicar sólo el 30% de sus ingresos a pagar la vivienda, ese mismo trabajador o trabajadora tardaría casi un siglo (98 años) en liquidar su hipoteca. Y esto sin contar los intereses bancarios.

En cuanto a los jóvenes, el estudio de CCOO certifica que un 52,6% de los jóvenes de la ciudad son, como mucho, mileuristas. Así las cosas, y de forma general, una persona joven debería dedicar un 89% de su salario neto al pago de la vivienda de alquiler en Barcelona. La tenaza que conforman los bajos salarios y los elevados precios del alquiler requiere hogares formados por un mínimo de tres jóvenes en el conjunto de Barcelona. En caso de compra, un joven debería dedicar la totalidad de su salario neto anual durante 23,5 años para pagar una vivienda en Barcelona. Dedicando sólo el 30% de su salario, un joven que percibe el salario medio tardaría 78,3 años en comprar su vivienda.

"La vivienda tenía un precio. Historia, lecturas y números a realizar para garantizar el derecho a la vivienda en Barcelona” es un estudio elaborado por la socióloga del CERES Irene Galí Magallón y el estudiante en prácticas de la UPF Claudia Bruno Yeguas, y coordinado por el director de la Fundación Cipriano García, Marc Andreu Acebal. Ilustrado con gráficos y mapas que ayudan a la interpretación de los datos, el estudio incluye una introducción sobre el marco legal y el contexto histórico y social y un anexo que detalla el mapa social de los colectivos que trabajan sobre el derecho en la vivienda en la ciudad y los barrios de Barcelona. 

En su primera parte, el estudio sitúa el impacto de la primera ley de vivienda de la democracia en España y compara su origen en los años setenta del siglo XX de la llamada enmienda Brooke de Estados Unidos (por el senador republicano que la redactó) y de la llamada propuesta Sempere (por el sociólogo comunista que la recogió de las reivindicaciones del movimiento vecinal) con la teoría (más que la realidad) vigente en la actualidad que pivota sobre el 30% de gasto salarial recomendable para destinar a la vivienda.

El grosor del estudio parte de un análisis actualizado de la situación de los precios de la vivienda y de las rentas salariales detalladas por los barrios de Barcelona. Según los datos analizados, en 2022, el precio medio de la vivienda de alquiler en la ciudad de Barcelona se situó por primera vez por encima de los 1.000 € (concretamente en 1.027 €), con lo que superaba la barrera de las cuatro cifras en 6 de los 10 distritos de la ciudad.

Desde 2013, el primer año del que se disponen datos desglosados ​​por barrios, y hasta ahora, el precio medio del alquiler se ha incrementado en un 50,7% en el conjunto de Barcelona. La vivienda de compraventa, por su parte, alcanzó, en 2022, un precio medio de 385.000 €, lo que supone un aumento del precio del 54,6 % en una década, entre los años 2013 y 2022. Los mayores incrementos de precio, tanto en el caso de la vivienda de alquiler como en la de compraventa, se han registrado en Ciutat Vella, que es el distrito con el salario medio más bajo de toda la ciudad. Y todo esto sucede en una ciudad donde un 31% de los trabajadores o trabajadoras cobra, como mucho, 1.000 €.

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