El sindicalismo es esencial para humanizar la inteligencia artificial

Artículo de Daniel Cruz, responsable de Análisis y Transformación Digital de CCOO de Catalunya, publicado en la revista Perspectiva

Las respuestas no sólo dependen de la pregunta, sino de ahí va dirigida. La cuestión “que levante la mano a quien no le dé miedo el futuro laboral” puede provocar, sin duda, dos respuestas diametralmente diferentes. Por un lado, es probable que las personas que tengan una posición, a priori, social y económica cómoda y estable la eleven sin ningún problema. Sin embargo, por otro lado, si el mismo planteamiento se hace en la plantilla de una gran fábrica de vehículos de combustión, la proporción seguramente es más baja. Lo que en realidad les asusta no es el futuro en sí, sino que lo que les aterra es su futuro laboral o, más concretamente, el pago de los créditos que hasta ahora dependían del salario asociado al rendimiento del trabajo. El futuro del trabajo es, como todo, un debate de clase. Las diferentes experiencias a través de la historia nos señalan claramente el camino: sólo puede haber un futuro justo si hay democracia, y ésta sólo se logra mediante el equilibrio de las fuerzas.

Hoy en día orbitamos alrededor de diversas transiciones que son, principalmente, la ecológica, la energética y la digital. Las tres, además, tienen algo en común, y es que son imparables, revolucionarias y que el impacto se producirá en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida. Ni consumiremos, ni produciremos, ni viviremos de la misma forma que nuestros padres y madres, ni que ninguna generación anterior. Estamos, con toda claridad, ante un punto de inflexión de la historia que supone un cambio de paradigma de lo que tenemos pocos o ninguno precedente.

Concretamente, y entrando en materia, el impacto de la Inteligencia Artificial ya es calificado por varios estudios como el mayor desde la introducción de la electricidad. Aunque todo cambio implica riesgos y oportunidades, de lo que no cabe duda es que el sindicalismo de clase debe garantizar que las personas más vulnerables no sean perjudicadas ni excluidas de las ganancias y, sobre todo, promover que esta transición sea justa y garantice que esta adaptación se haga en beneficio de las trabajadoras y trabajadores.

Decir en estos momentos que internet ha cambiado nuestra forma de comunicarnos, informarnos, trabajar o consumir es algo evidente y redundante (tanto como seguir llamando nuevas tecnologías al propio internet). Lo que en estos momentos estamos viviendo es la fase de este siguiente impacto: cómo la implementación de internet sacude los cimientos sobre los que habíamos construido nuestra sociedad, y que había forjado en el sacrosanto contrato social.

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